martes, 30 de junio de 2009

A fuerza de mudarmehe aprendido a no pegarlos muebles a los muros,a no clavar muy hondo,a atornillar sólo lo justo.He aprendido a respetar las huellasde los viejos inquilinos:un clavo, una moldura,una pequeña ménsula,que dejó en su lugaraunque me estorben.Algunas manchas las heredosin limpiarlas,entro en la nueva casatratando de entender,es más,viendo por dónde habré de irme.Dejo que la mudanzase disuelva como una fiebre, como una costra que se cae,no quiero hacer ruido.Porque los viejos inquilinosnunca mueren.Cuando nos vamos,cuando dejamos otra vezlos muros como los tuvimos,siempre queda algún clavo de ellosen un rincóno un estropicioque no supimos resolver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario